El planeta solitario, de Murray Leinster

 

El planeta solitario, de Murray Leinster
El planeta solitario, de Murray Leinster

El planeta solitario, de Murray Leinster
[donación de Asociación Los Conseguidores el 07/07/2013]
Edición de Caralt, Ciencia Ficción número 29, julio de 1980 (ISBN: 8421751336; D.L.: B-22491-1980)
198 páginas, 179 X 115 mm.

• Cubierta, de Néstor Goldar.
• El decano de la ciencia ficción (artículo), de John J. Pierce.
• El planeta solitario (cuento), de Murray Leinster.
• A través del tiempo (cuento), de Murray Leinster.
• Un lógico llamado Joe (cuento), de Murray Leinster.
• El poder (cuento), de Murray Leinster.
• Simbiosis (cuento), de Murray Leinster.
• Primer encuentro (cuento), de Murray Leinster.

Murray Leinster fue uno de los iniciadores de la ciencia ficción moderna, en un momento en que el género era aún considerado como literatura marginal, pasto vulgar de excéntricos, de resabiados, literatura de quiosco en su peor acepción. Hoy en día, cuando la novela de ciencia ficción se estudia en las universidades, cuando se escriben tesis doctorales sobre el género y cuando algunos -y quizá no sólo alucinados- empiezan a considerarla como el género del futuro, vista la crisis de las otras fórmulas narrativas, sorprende la vitalidad inmarchitable de los relatos de este virginiano longevo llamado W.F. Jenkins (1896-1975), que escribió bajo el seudónimo de Murray Leinster. Como todos los pioneros de la CF, Murray Leinster era, por encima de cualquier otra consideración, un escritor comercial reacio a recargar sus obras de falso trascendentalismo sociopolítico o a complicar en exceso la anécdota con extemporáneas complejidades técnicas. Cuando Leinster empezó a escribir CF, el género ni siquiera era conocido con este nombre. Los relatos de este tipo se llamaban aún “novelas científicas” y su consideración iba muy poco más allá de los más deleznables productos de la narrativa del Oeste. Hoy, para todos los devotos del género, Leinster fue el profeta, el adelantado, el iniciador. Su obra está ahí, con la lozanía de lo auténtico, de lo primigenio, con el valor de un clásico.