El pacto de la corona, de Howard Weinstein

 

El pacto de la corona, de Howard Weinstein
El pacto de la corona, de Howard Weinstein

El pacto de la corona, de Howard Weinstein
[donación de Asociación Los Conseguidores el 19/12/2015]
Edición de Grijalbo, Star Trek número 3, de 1993 (ISBN: 8425321867; D.L.: B-22516-1993)
223 páginas, 209 X 129 mm.

· Cubierta, de SDD (Serveis de Disseny).
· Introducción, de David Gerrold.
· El pacto de la corona (novela), de Howard Weinstein.

El espacio…la última frontera. Estos son los viajes de la nave interestelar Enterprise, en su misión de exploración de nuevos mundos y galaxias, en búsqueda de nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, llegando hasta donde ningún ser humano a llegado antes. Star Trek es la saga de ciencia-ficción con mayor número de seguidores en todo el mundo, a través de la televisión (los viejos y queridos capítulos originarios), el cine o los libros. El lector podrá reencontrar en esta colección la imaginación y la ternura, aunque también la dureza y el peligro, en personajes tan entrañables como el señor Spock, el hombre de las orejas puntiagudas, mezcla de terrestre y vulcaniano; o el capitán Kirk, siempre valeroso y pese a ello equilibrado; o el doctor McCoy, casi cínico en ocasiones… Otros oficiales de la nave como Scott, Subaru o Uhura completan el reparto humano de unas historias en las que también aparecen, claro está, los klingon y sus mortíferas intenciones, así como una legión de personajes amigos o enemigos, sinceros o taimados, que son una nueva sorpresa en cada novela, en cada aventura… El pacto de la Corona. La muerte del rey de Shad, viejo amigo de Kirk, plantea una difícil situación política: en el reino existe una guerra civil latente atizada por los klingon, que nunca han ocultado sus ambiciones expansionistas. La joven princesa Kaylin, heredera legitima, ha de demostrar que posee los poderes mentales que exige su puesto. Spock y McCoy tienen que hacer posible que estos se revelen, y la Enterprise se encargará de llevar a la heredera a su reino. Pero para ello es preciso sortear la férrea vigilancia de los klingon.