El muchacho que giraba, de Gertrude Friedberg

 

El muchacho que giraba, de Gertrude Friedberg
El muchacho que giraba, de Gertrude Friedberg

El muchacho que giraba, de Gertrude Friedberg
[donación de Asociación Los Conseguidores el 09/12/2015]
Edición de Adiax, Fénix, de 1981 (ISBN: 8485963016; D.L.: B-26710-1981)
248 páginas, 200 X 131 mm.

· Cubierta, de Patrick Woodroffe.
· El muchacho que giraba (novela), de Gertrude Friedberg.

Derv se quedó absolutamente inmóvil, vaciando la mente de todo pensamiento. Cerró los ojos para eliminar la calle y la rígida perspectiva de adelante y atrás, uno y otro lado, arriba y abajo. Vacío. Vacío. Sólo Derv. Derv y el espacio. Ahora empezaba a ubicarse en él. Ahora su sentido del espacio crecía en el vacío. Un poco en esta dirección. Giró levemente, se detuvo, se quedó parado unos minutos más, después giró otra partícula imperceptible. Ah, sí. Alzó apenas la cabeza, con los ojos aún cerrados. Allá estaba. Allá estaba. Fue en la playa, una tranquila tarde de verano, cuando la señora Nagy advirtió por primera vez la extraña conducta de su hijo Derv. La forma estudiada y precisa con que el muchacho giraba era tan sorprendente como maravillosa. Pero para la señora Nagy esta curiosa habilidad proyectaba una sombra el futuro. Temía que un día Derv pudiera conocer el secreto que sus padres se esforzaban por ocultar. Para Derv, su vida, llena de constantes y complicados giros, debía tener algún sentido. ¿Pero dónde obtener la respuesta? Se preguntó si sus movimientos no trazarían un modelo astrofísico en miniatura, pero no fue sino hasta que se puso en contacto con un pequeño grupo de científicos que escudriñaban los sonidos estelares que comprendió su rol en la historia: podría solucionar uno de los más viejos y oscuros misterios del espacio.